Yo también sufrí con las verrugas genitales. Las eliminaba… y volvían.
Hasta que entendí cómo ayudar a mi organismo a enfrentar el VPH desde adentro.
Si estás buscando eliminar las verrugas, reducir las posibilidades de que regresen y fortalecer tus defensas para que tu organismo haga su trabajo frente al VPH, lee mi historia. Quiero contarte qué cambió para mí y por qué terminé convirtiéndolo en un libro.

Sofía PeraltaAutora de Juntos Contra el VPH
Quiero contártelo desde el principio
Hola. Soy Sofía.
Si llegaste desde mi anuncio, probablemente ya sabes que esta historia no empezó con un libro. Empezó en el momento en que debía sentirme más feliz: durante mi primer embarazo.
Una noche, mientras me bañaba, sentí unas pequeñas bolitas que antes no estaban ahí. Al principio pensé que sería una irritación del embarazo. Pero no desaparecieron. Eran dos, después tres… y cada vez que me revisaba sentía que el miedo me cerraba la garganta.
Cuando escuché las palabras “verrugas genitales” y “VPH”, no pensé primero en mí. Pensé en mi bebé. Pensé en Jorge. Pensé en todo lo que podía cambiar en nuestra vida.
Mi miedo fue tan grande que, después de hablarlo durante el embarazo, terminé eligiendo una cesárea. Mi bebé nació sano, gracias a Dios. Pero yo regresé a casa con el mismo problema, con más preguntas y con una vergüenza que no sabía cómo contarle a nadie.

Después comenzó el ciclo
Me retiraban las lesiones. Yo aguantaba el procedimiento, el ardor y los días de recuperación. Por un momento respiraba tranquila… hasta que semanas o meses después volvían a aparecer.
Crioterapia. Láser. Ácidos. Yo entendía que había que atender las verrugas, pero no entendía por qué regresaban ni qué podía hacer durante esos meses en los que solo me decían que esperara y volviera a revisión.
Entonces sucedió lo que más temía: Jorge también presentó lesiones. Nunca voy a olvidar su cara cuando me lo contó. Los dos empezamos a sentirnos culpables, aunque ni siquiera era posible saber cuándo había comenzado la infección o quién la había tenido primero.
Nuestra intimidad cambió. Dejamos de tocarnos con naturalidad. Dormíamos juntos, pero emocionalmente cada vez estábamos más lejos. El problema ya no estaba solamente en la piel: estaba metido en nuestra cabeza, en nuestra cama y en nuestra relación.
Yo no quería volver a quemar una verruga y esperar a que regresara. Quería entender qué estaba pasando dentro de mi cuerpo.
La madrugada que cambió todo
Una noche, cerca de las tres de la mañana, Jorge me encontró llorando sola. Me abrazó y me dijo: “No podemos seguir viviendo así. Vamos a encontrar una salida. Juntos.”
Abrí la computadora y empecé a investigar. No buscaba un milagro ni una receta secreta. Quería comprender por qué un procedimiento podía quitar lo que se veía, pero no necesariamente hacía que el virus dejara de estar presente.
Así llegué a PubMed y a investigaciones sobre persistencia, aclaramiento viral y respuesta inmunitaria. Fue ahí donde por fin pude separar dos cosas que durante mucho tiempo había confundido:
Lo que por fin entendí
Quitar la verruga y ayudar al organismo a controlar el VPH no son la misma batalla.
Los procedimientos médicos atienden las lesiones visibles. El proceso por el que el VPH puede volverse no detectable ocurre dentro del organismo y depende, entre otros factores, de la respuesta inmunitaria.
Aquella noche sentí algo que no había sentido en mucho tiempo: esperanza. Entendí que mi diagnóstico no tenía por qué convertirse en una condena para toda la vida. Mi organismo también tenía una batalla que dar.
Eso no significaba abandonar a mi médico. Al contrario: seguí con mis revisiones y atendiendo cada lesión. Lo que cambió fue que dejé de sentirme completamente indefensa durante los meses de espera.
Tampoco se trataba de comprar vitaminas al azar. Empecé a comparar qué nutrientes aparecían en investigaciones, en qué cantidades se habían utilizado, durante cuánto tiempo, qué combinaciones se estudiaban y qué precauciones debía considerar.
Pasé noches enteras uniendo piezas. No buscaba una frase bonita ni una promesa milagrosa. Buscaba comprender qué podía hacer para apoyar a mi organismo mientras continuaba con mi seguimiento médico.
Por primera vez desde mi diagnóstico dejé de preguntarme solamente cuándo volverían las verrugas. Empecé a pensar: “Tal vez esto sí puede terminar. Tal vez puedo volver a sentirme yo.”

Lo que ocurrió en nuestro caso
No voy a decirte que todo cambió de un día para otro. Tampoco voy a prometerte que cada organismo responde igual. Yo solo puedo contarte lo que vivimos nosotros.
Seguimos atendiendo las lesiones y mantuvimos el control profesional. Al mismo tiempo dejamos de comprar cosas al azar y empezamos a seguir un plan ordenado durante meses.
Al principio no ocurrió nada espectacular. Solo dejamos de tratar cada brote como un episodio aislado y empezamos a comprender el proceso completo. Seguimos adelante, semana tras semana, sin abandonar todo a los pocos días.
Hasta que un día me di cuenta de algo: había pasado el tiempo… y las lesiones no habían regresado. Jorge tampoco había presentado nuevos brotes. Poco a poco volvimos a tocarnos sin miedo, a dormir tranquilos y a hablar de nuestro futuro sin que el VPH apareciera en cada conversación.
Más adelante, en uno de mis controles, el VPH apareció como no detectable. Recuerdo haber leído el resultado varias veces. Después de tanto dolor, por fin sentí que mi cuerpo y mi vida me pertenecían otra vez.
Ese fue nuestro resultado personal y cada organismo tiene su propio proceso. Pero mi historia me enseñó algo que necesitaba escuchar desde el primer día: tener VPH no significa que vas a vivir para siempre entre miedo, vergüenza y recurrencias.


Por eso escribí este libro
Juntos Contra el VPH
Cómo aumentar tus defensas para que tu organismo elimine el VPH
Cuando todo esto terminó, no pude simplemente cerrar la computadora y olvidarlo. Pensaba en la mujer que, como yo, acababa de escuchar la palabra VPH. En el hombre que no sabía con quién hablar. En la pareja que empezaba a alejarse por miedo.
Por eso reuní en un solo lugar la información que a mí me tomó meses localizar, comparar y comprender. Escribí lo que hice, lo que aprendí sobre las defensas y todo lo que habría querido que alguien me explicara desde el principio.
El libro no sustituye a tu médico ni hace el trabajo que le corresponde a tu organismo. Te enseña los pasos para que dejes de sentir que solo puedes esperar sin hacer nada.
Si mi historia se parece a la tuya, quiero que sepas que no estás sola ni solo. Y si deseas descubrir con más calma lo que cambió para nosotros, puedes conocer aquí el libro que nació de todo este proceso.
Quiero saber más sobre el libro →
Con cariño, Sofía.